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Bodas de cuero (3º aniversario)

El 18 de junio fue mi tercer aniversario de boda o, lo que es lo mismo, mis "bodas de cuero". No os lo he podido contar hasta ahora porque quería hacer un vídeo, pero con el trabajo no encuentro tiempo. En fin, al grano, que  cada aniversario lleva el nombre de un material, más fuerte según avanzan los años, y a nosotros nos ha tocado el cuero.

Pues nos viene al pelo. El cuero es piel curtida, como la nuestra, que aun hecha jirones por los tortazos inesperados de estos primeros años, la hemos ido curando como hemos podido, y costra a costra vamos pasando los días el uno al lado del otro. A veces uno se cansa, pero el otro está ahí para   Infundirle ánimo o tirar de él, como cuando a mitad de nuestro primer baile, nos íbamos chivando los pasos siguientes y a poco del final yo le gritaba "¡ya está! ¡Ya está!"

Lo importante es justo eso, tener quien te chive el paso o, como también nos pasó bailando, alguien que si te equivocas, te siga como si nada. Eso es ser un equipo. Y si tienes una vida sin baches pues igual no te enteras nunca de lo que significa formar parte de uno, pero cuando el camino que recorres es sinuoso y no tiene ni un atajo sabes que es vital.


Dijo un tipo listo listo que "el pesimista se queja del viento; el optimista espera que cambie; el realista ajusta las velas". Y ahí estamos nosotros, sin curso de patrón de embarcación, ajustándolas, reajustándolas, dejándonos llevar en vez de luchar contra los elementos, a ver si así llegamos a buen puerto. Juntos. Pero no sólo juntos de la mano, que es o es bonito pero no práctico. Juntos, en equipo, que así uno tiene más movilidad pero cuenta con el otro para las estrategias de juego. Juntos, como en nuestro primer baile, al son de la misma canción y ayudándonos ante el pánico a quedarnos en blanco.


El 18 de junio era muy importante que celebráramos que seguimos en el barco, porque cuando hay tormenta el oleaje puede hacer que alguno se caiga, así que había que brindar por estar los dos al timón. Y le pedí a Nacho que nos volviéramos a vestir para hacernos alguna foto.

Ya sabéis que mi vestido es el más aprovechado del mundo, y que a la mínima encuentro una excusa para ponérmelo (¡es que me hace sentir tan bien, como una niña disfrazándose!). Pero es que además no teníamos ni unas sola foto decente juntos, de novios, del día de nuestra boda.

¿¿¿¿¿Cómooooooooooooo?????

Lo que lees. Ni una.

Cometimos el error garrafal número 1: pedir a unas amigas que nos hicieran el reportaje. Ellas estaban invitadas y, dado que querían iniciarse en el mundillo, pues hicimos esa cuenta que hacen muchas parejas de 2+2=4, solo que no ese ese el resultado, esta suma en concreto da cero patatero por muchas matemáticas que sepáis. Nosotros hemos estado en los dos sitios, hacednos caso, hemos sido los novios que piden a amigos que carguen con la cámara y hemos sido los reporteros castigados sin cóctel en bodas de los nuestros. Si quieres un reportaje bueno, tienes que contratarlo, o puede pasarte como a nosotros, que tus amigas están disfrutando de tu boda y luego te faltan fotos o no tienes el vídeo de tu coreografía sorpresa entero y tienes que irte de viaje de novios y bailar por el mundo para completarlo ;).

 A mí me dio no sé qué pedirles que nos hicieran un par de posaditos y así pasó, que ni uno.


Y otra cosa os digo, no dejéis para mañana lo que podáis hacer hoy. Últimamente me escriben novias diciéndome que ese día no quieren perder tiempo posando. Bien, normal, ninguno queremos. Pero luego vienen las perezas, los embarazos o los kilos sin más y al final te quieres ahorrar el post wedding y te has quedado sin ellos. Si los profesionales que habéis contratado son buenos, habrán ido antes al sitio a reconocer el terreno y en un pispás os habrán hecho unas fotos chulas (no tienen por qué ser ñoñas) por lo que pueda pasar. Acordaos de mí por favor, que quizá no tengáis un marido como el mío que se preste a meterse en en traje dos tallas menor antes de ir a cenar sólo para ponerme contenta.


Y puede que no tengáis una hermana que se deje liar antes de salir de fiesta y te acompañe a mitad del campo para que le prepares la cámara y dispare como buenamente pueda, para que por fin puedas poner una foto en el salón, o donde sea. Y aunque no vayas peinada ni maquillada, y el "marío" se haya dejado el chaleco y la corbata y no pueda respirar, esa foto te recuerda el equipo que formáis. 

Después de la improvisada "sesión" y sintiéndome afortunada, cogí junto a Nacho un Taxi a Manhattan (muy bien, oye!) para rememorar un trocito de nuestra genial luna de miel y brindar por las aventuras que nos quedan.


Y ahora... A por el cuarto!






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