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De colores, borrones, y una niña que ya llega

Carola fue clara al teléfono, "quiero algo sencillo, en casa". Yo imaginé instantáneas dulces, desaturadas, relajadas. Cuando abrió la puerta de su casa, en el madrileñísimo Rastro, y vi un salón verde fosforito y y otro amarillo brillante, entendí que cada uno tiene un concepto de sencillo diferente. Carola puede ser sencilla, pero no simple. 

Los colores de su casa son un reflejo de los de su interior.  


La pobre estaba muerta de la vergüenza -como tod@s- por tener que posar, y le dije que fuera ella misma, que con eso me bastaba y sobraba. Y es que Carola tiene un rollo que no se pué aguantar (esto es influencia del "marío"). Es vibrante.


Ella eligió su vestuario, su fondo, su decorado. Quería fotos en su balcón para tener un recuerdo de su embarazo, y poder enseñarle la tripa a su padre, que está en su Chile natal.


Todavía no sabe cómo se llamará la niña que espera. A ella le gusta un nombre, y a David otro, y creen que cuando vean su carita sabrán cuál le va más. Estoy deseando saber con cuál se quedan.


Llegué a Carola por amiga Emilia. Me preguntó si me apetecía hacerle fotos a su cuñada, estaba  preocupada por si me hacía mal (ella siempre pendiente de mí), y yo le dije que nada de eso, que estaba encantada.


Por encima de todo, me alucinan esas tripas gigantes "con gente dentro", como diría Nacho. No dejan de alucinarme, da igual cuántas vea. Quizá porque no voy a tener una las miro de una forma especial, y eso es bueno para mi trabajo. 


Hablo mucho con la gente que fotografío. Cómo si no poder romper la barrera de la vergüenza -suya y mía-, cómo si no traspasar su piel y sacar algo más que lo que ya está expuesto. 


Esa tarde yo estaba ilusionada y lo compartí con ella.

Hablamos de las ironías de la vida, de cómo alguien puede perseguir algo durante mucho tiempo y otro toparse con ello sin haberlo buscado, de hijos que no vienen y madres que se van antes de tiempo.

  
Y sobre todo de vivir, de sobreponerse y adaptarse -que no conformarse-, y volver a SER, a ESTAR, a rebozarse en los días en vez de verlos transcurrir sin querer mancharse. Embadurnarse, sufrirlos, finalmente pasarlos, y colorear una nueva página.


Aprender a disfrutar con lo que sí tenemos, con lo que nos queda, y así sólo podremos hacer sitio a lo nuevo, a lo inesperado. Y ser felices, superfelices.  Y elegir nombres para la niña que no se llamará Valentina o empezar a aprender búlgaro para entender a tu futuro hijo.


Por su parte, Pipa y Velvet también tendrán que hacer un huequito a la niña que viene a ampliar esta familia tan colorida. Esto también estoy deseando ver cómo va.


Pasamos una tarde muy divertida con nuestro amigos y los futuros papás. Estamos ya en el tiempo de descuento y el bebé está al llegar. Tengo muchas ganas de ver la carita de su niña y la suya al contemplarla. Y entonces volver a disparar.


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