1) Cambié en el último momento de peinado y la verdad es que me lo podía haber hecho yo misma.
2) No me prepararon el ramo como pedí. Tenía que estar formado por 4 ramitos más pequeños que iba a entregar, pero vino en una sola pieza, por lo que en un momento del cóctel tuve que ponerme con mi madre y mis tías a hacer los ramitos y volverlo a juntar en un todo hasta el postre, cuando daría la sorpresa a las futuras novias.
4) Habían regado (más bien, inundado) el césped donde tenía lugar la ceremonia y mi entrada fue triunfal. Me iba clavando a cada paso.
5) El DJ subía y bajaba la música durante la ceremonia sin criterio alguno, de golpe. Cierto es que se emocionó con las lecturas, pero las lágrimas no taponan los oídos. La tarde que nos reunimos con él también pudimos haberla aprovechado mejor.
6) Por alguna razón que no acierto a comprender, nos cambiaron el maître el día de la boda. Esto significa que todas las reuniones que tuvimos (por petición del restaurante** o nuestra) no sirvieron para nada y, lo que es peor, fue la causa principal de muchos "disgustos". Para empezar, el nuevo responsable decidió colocar las mesas a su antojo. Voy a ponerlo otra vez porque no me lo creo ni yo: SÍ, PUSO LAS MESAS COMO LE DIO LA GANA. Lo grave de esto, no es que causara malestares entre familiares e íntimos que acabaron sentados muy lejos de la presidencia, sino que nos habían hecho llevarles POR TRIPLICADO un documento con la disposición, para luego no echarle ni un vistazo. Supongo que no tengo que comentar nada sobre los quebraderos de cabeza que da la organización del salón, y os haréis una idea del mosqueo que nos entró a Nacho y a mí cuando vimos el percal.
8) El menú infantil se suponía que incluía chuletas de cordero, pero pusieron filetes de pollo empanado. Eso sí, a precio de cordero.
9) En un momento del postre, empieza a sonar la música con la que quería entregar los ramos a las futuras novias. ¡Así, sin avisar ni nada! Me levanté corriendo de la silla pero... ¡Justo dos de las chicas estaban en el baño!

Y alguna cosa más que me dejo en el tintero, pero lo importante, lo que os quiero transmitir es que no deberíais dejar que nada de esto os influyera. Obviamente, es muy difícil. Habéis invertido muchos pensamientos en ese día. Yo, de hecho, no supe hacerlo, y precisamente por eso os lo cuento. Es terrible que personas ajenas den al traste con tantos meses de preparación e ilusión. Nuestra boda era de detalles, y los detalles son algo muy frágil. Sin embargo, el día de tu boda no es el día en que te tienes que preocupar por ellos. Por mucho tiempo que hayas preparado, las horas, minutos y segundos de ese día son para disfrutar, aunque tengas un maître que parezca el malo malísimo de Los miserables.
Yo me perdí mi boda. No recuerdo ni la mitad. Gran parte del tiempo estuve intentando esquivar a Miguel y sus problemas, y el resto preguntándome para qué me habría esforzado tanto si al final no salía bien nada.
Pero eso no era verdad. A mí me cuentan que todo fue precioso y magnífico. Yo pensabsa "claro, no sabían todo lo que estaba saliendo mal ni la guerra que me estaban dando". Pero es verdad que esa ignorancia de los invitados juega a vuestro favor. Ellos no saben si las cosas transcurren normalmente o están inmersos en un cataclismo, así que no os preocupéis tanto por la gente. Además, lo normal es que sean personas que os quieren y que sólo quieren compartir esa fiesta con vosotros y nada más. Pues claro que todo es estupendo, ¡es vuestra boda!
Sé que la preocupación es directamente proporcional al esfuerzo dedicado y el número de detalles. Una boda sencilla no tendrá tanta complejidad como otra más planificada. Esto está claro, pero también que más o menos compleja, ES VUESTRA BODA y sólo va a pasar una vez, así que delegad en alguien de confianza, sonreíd y rellenad vuestras copas. ¡Esto una fiesta!
* Si queréis un Darth Vader en vuestra boda, consultad a la Legión 501.
** Si no queréis llevaros mis sofocos, cuidado con el restaurante San Francisco de El Pardo.
3 comentarios:
at: 28/3/12, 17:41 dijo...
Me has dejado de piedra con este artículo... pero no sabes cuánto cuánto agradezco haberlo leído. Al menos que tu experiencia sirva para ayudar a otras chicas. A un mes de la boda, me conciencio de que "pueden pasar cosas" y que lo importante es no perderse el día, sea como sea... Pero reconozco que yo soy un poquito como tú y un maitre así me hubiera arruinado la fiesta!! (¿¿no le pusistéis una hoja de reclamaciones??)
at: 29/3/12, 14:01 dijo...
Bueno, ya sabes, te vas de luna de miel y lo dejas. Ese día no estás para nada y cuando vuelves, bueno, lo dejas, total ya ha pasado. La verdad es que me arrepiento y en realidad me gustaría ir pero no aponer una hoja, sino a hablar con mi maitre, pero bueno, ya no tiene remedio.
Lo que espero que se te grabe a fuego es que pueden salir cosas mal, es más, CASI SEGURO que algo no sale como tú quieres, pero sea como sea tienes que obviarlo y disfrutar. Sabes? He perdido a mi abuela hace un mes y ahora sólo pienso que no tengo fotos de novia con ella, y ya todo lo demás me da igual. Quiero decir que al final, las cosas más pequeñas y sencillas son las más importantes, vamos, que lo principal es que te casas, que tu chico va a decir delante de todos que te quiere para siempre y que os vais a dar un fiestón tu familia y tus amigos. OLVIDA TODO LO DEMÁS o, mejor, dicho, dale a cada cosa la importancia que tiene.
Va a ser PRECIOSO. Seguro. Un besazo!
at: 30/3/12, 14:18 dijo...
Gracias por tu respuesta! Ay, tienes tanta razón... le damos importancia a cosas que al final, al cabo de un año, nos decimos "pero esto qué más daba..." Un beso!
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